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Iglesia


Misioneros Religiosos en el Chocó: historias de Santidad

Esta región del Chocó fue la primera que hollaron los pies de los Evangelizadores de la Buena Nueva;  el primer Obispo, D. Juan Quevedo y los primeros misioneros que le acompañaron, primeros que pisaron tierra en Continente Americano, desembarcaron, en 1314, en las costas del Chocó,  golfo del Darièn, hoy de Uraba,  y las primeras iglesias se erigieron en esta privilegiada tierra en Santa Maria de la Antigua y San Sebastián.  En la costa oriental del mismo golfo.  Las rivalidades y codicias de explotar y gobernar aquella rica región que llamaron (castilla de oro), fueron la causa de la destrucción y traslado del Obispado y la catedral a Panamá, en 1518.

 

DOMINICOS

Entran por el sur a evangelizar el chocó;  ya en 1573, Fr. Martín Medrano, dominicano, avía entrado con el capitán Francisco Rendón y fundado un convento de  su orden en la ciudad de Toro;  las  continuas irrupciones de los indios y las desavenencias con el teniente Melchor Gómez, obligaron a los padres Dominicos retirarse a su convento de pasto.

 

FRANCISCANOS

Misión epopeyica, tal vez no igualada en la misionologia universal, ésta de  los padres Franciscanos en tierras del Chocó.  Un hermano llega solo, Fr. Matías Abad, se pone en contacto con Ias bárbaras  y salvajes tribus de indios chocoes; con su trato y buena forma los conquistó y los catequizó;  edificó iglesia sobre el gran rió Atrato,   a quien el llamó San Francisco;  llama misioneros que Francisco Juan Ortiz Nieto satisfizo enviándole desde Cartagena de Indias Saserdotes y legos,  dejando establecida la misión franciscana en el Chocó en el año 1648.  Sin derramamiento de sangre no hay sacrificio;  Fr. Matías Abad la derramó en Aras de su misión evangelizadora, recibiendo cruel martirio de los salvajes indios chocoes; primer protomartir de la misión del Chocó.  Lo siguieron en glorioso martirio Fr. Florez, Fr. Llanos y Fr. Palomino;  el primero, quemado vivo;  el segundo atado aun poste y descuartizado;  el tercero, atravesado con una lanza y el cuarto apaleado; a reemplazarlos llegaron 11 Sacerdotes y tres legos.  Por documentos traídos por el historiador franciscano Fr. Gregorio Arcila Robledo, en su historia las misiones franciscanas en Colombia, llega a esta conclusión. (Que la predicación evangélica en el Chocó comenzó por diligencias de los frailes franciscanos.)  Así fundaron y establecieron parroquias por todo el Chocó.  Todos fundados por el misionero Franciscano Fr. José Córdoba.  Quien conozca un poco de estas andanzas y distancia de una a otra doctrina, no podrá menos de calificar de epopeyica esta obra evangelizadora padres franciscanos en el Chocó.  No se dan fechas fijas de la salida del Chocó de los padres franciscanos, pero sí podemos aproximarnos a en ,marcarlos entre 1648 y 1790. 

 

JESUITAS

Para implantar el evangelio en el Chocó hubo de parte de los jesuitas dos intentos.  En 1606 por tierras de Uraba.  Los adelantados fueron dos religiosos insignes

 

CENTENARIO CLARETIANO EN EL CHOCÓ
Por ; Douglas Cujar Cañadas

En el año de 1908 por disposición de la Santa Sede y bajo el Convenio de Misiones de 1902 se crea la Prefectura Apostólica de Chocó, encargándosela a los Hijos del Inmaculado Corazón de María – los Claretianos, quienes tomaron posesión material el día 14 de febrero de 1909. Desde España vía Cartagena arribó el primer grupo de misioneros en una región diezmada por la guerra y deseosa de progreso, lo que a su llegada “habían calentado el ambiente, en su principio algo indiferente y frío más bien que hostil”. Lo anterior y  la condición agreste de la provincia no fue impedimento para su labor.

Desde la naciente Intendencia del Chocó (1907) son muchos los aportes de esta comunidad, como: el reconocimiento geográfico y la cartografía, el registro fotográfico e histórico. Igualmente influyeron en el desenvolvimiento de la vida social y en los aspectos culturales como el cine, la literatura, el teatro, la arquitectura, la música y la educación más allá de la repercusión en la vida educativa y el adoctrinamiento “con su particular ideología”.

En el desarrollo de este desempeño misional llegan al primer centenario de presencia en Colombia y en particular en Chocó, como “Monumento vivo” con un importante accionar en las últimas décadas, dirigidas a: El fomento de la cultura con la creación del Centro MamaU, el apoyo a la misión comunitaria de organizaciones como Cocomacia, Ascoba y Orewa y fomento a las relaciones interétnicas, de compromiso con las causas sociales del pueblo, la mayor presencia en la educación formal y no formal con la creación de la Fundación Universidad Claretiana como centro de mediación para la construcción de la territorialidad de las étnias indígenas y afrodescendientes.

Los Claretianos de hoy nos persuaden que “la tierra, sobre la cual se construye el territorio debe ser objeto básico de apropiación y defensa”. Sin tierra y territorio se extinguirían las etnias, de ahí la convicción de que “empeñarse en la salvaguardia del territorio es invertir en humanidad”

En este nuevo amanecer Claretiano se vive una juventud entusiasta con una luz de misionero amigo, de apego al amor fraternal y humildad en el vivir.

MISIONEROS  DESTACADOS

Un conjunto importante de Claretianos son recordados con admiración al mantener viva la obra misional y hechos de aportes patrimonial como los realizados por el P. Antonio Anglés, en la educación y periodismo con el periódico “La Aurora”; de Nicolás Medrano S. en la vida fiestera de Quibdó por los aportes en la introducción de manifestaciones culturales españolas como los cabezudos (disfraz), las vacalocas y los gozos; de Isaac Rodríguez, en la formación de talentos musicales y la banda de San Francisco; de Ernesto Arias y Basilio de Beobides, en la educación y la construcción de iglesias; del R. Pedro Grau y Arola, por la construcción de la Catedral de Quibdó y de Vicente Galicia como un icono de la arquitectura chocoana, por los aportes a las obras del Colegio Carrasquilla y la Prefectura Apostólica,  representación de un legado patrimonial; Alcidez Fernández G., con sus alas sobre la selva creyó en el hombre chocoano concientizado, para construcción de una cultura autónoma y propia; Rafael Gómez Díaz, como creador del Centro Mama-Ú abrió un espacio para la vida, la resistencia y la esperanza.

La comunidad del Atrato entero  admira y profesa al P. Gonzalo de la Torre Guerrero, hasta convertirlo en guía espiritual, por la labor en la cultura, la educación y formación sacerdotal, es un chocoano con alma universal. Sin sus aportes en la construcción del territorio y la materialización del campus universitario de la Yesquita, difícilmente se estuviesen cumpliendo los ideales de empoderamiento territorial y de moldear jóvenes pobres que ven en sus obras el espacio para forjarse un futuro.

Todos ellos han cumplido el legado Claretiano de permanencia en la humildad y transformación de la arquitectura social, infundiendo en los poblados chocoanos alto valor y trascendencia de las obras espirituales. Labor admirable en una nación donde el arte de crear morada para la formación y el servicio del habitante marginal son escasos e improvisados. Sus prácticas educativas, fiesteras, artísticas, musicales, sociales, constructiva y de valoración cultural y del territorio le ha permitido a los Claretianos conquistar las almas de estas tierras y el aprecio imperecedero del pueblo colombiano, además, de ser querido por el conjunto de los habitantes de una nación, como la chocoana, que continuamos guardando devoción  por los curas que viven en armonía natural y los que sufrieron la incomprensión social, pese a su entrega para la búsqueda del desarrollo de la comunidad. De allí mi invitación a conocer y expandir su obra y legado desde los albores del siglo XX convencido de la necesidad de “volver al pasado para desarrollar el futuro”.